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lunes, 11 de abril de 2011

Festejo escocés en Buenos Aires

Y un día... la Avenida de Mayo se pobló de hombres con polleras. Y no fue por casualidad: ayer, la calle porteña más amiga de las colectividades que supieron poblar la Argentina se transformó, por lo menos durante un largo rato, en una gran postal de estilos, tradiciones y música escocesa que sirvió para homenajear a los descendientes –y también recordar el legado– de esa antigua nación ubicada en el norte de Gran Bretaña. La fiesta porteña fue en el marco del ciclo “Buenos Aires Celebra” y estuvo formalmente dedicada al “Día del Tartán”, una celebración que toma el nombre de esa famosa tela a cuadros para conmemorar y festejar los aportes que hicieron los escoceses a las distintas sociedades donde llegaron a establecerse.

“El Día del Tartán es el día en que miles de descendientes de escoceses en todo el mundo celebran su herencia cultural . Por eso los que formamos parte de esta colectividad, que fue una de las inmigraciones más antiguas en este país, estamos celebrando aquí, en la avenida de Mayo”. Ayer, a Eduardo Macrae, presidente de la Asociación Escocesa Argentina, lo delataban por igual los buenos modos y su kilt a cuadros. Su función no era simple: pese a que lo requerían de un lado y del otro, era el encargado de explicarle a cada uno de los curiosos por qué vestía así y por qué había guerreros medievales armando una lucha en medio de una avenida de Buenos Aires.

“Esta fiesta –explicó Macrae– representa a toda la comunidad escocesa de la Argentina, que se calcula está integrada por unas 100 mil personas . Y esos que están ahora en el escenario con sus gaitas y música tradicional representan a la Guardia Escocesa en Buenos Aires. Usan prendas que recrean un regimiento escocés del 1900. Y sintetizan lo que buscamos: traer diferentes grupos de recreación histórica, culturales, folclóricos, aficionados a la militaría y hasta puestos de comida típica”.

“Quisimos mostrar de qué se trata ser descendiente de escoceses y qué culturas los representan, más allá del whisky”, comentó Claudio Avruj, encargado de las Relaciones Institucionales del Gobierno porteño.

El resultado de la apuesta fue un viaje en el tiempo: entre las 15 y las 19 hubo luchas medievales, hombres armados con espadas y martillos, cascos remachados en hierro y hasta litros de hidromiel : una bebida alcohólica y dulce que suplió la falta del típico y afamado whisky artesanal. Igual, no todo fue guerra y lucha: una veintena de stands relacionados con la tradición de Escocia nutrieron de información y las gaitas y los grupos de baile típico también aportaron lo suyo. Y antes del cierre hasta hubo un largo momento para el romanticismo que tuvo a parejas bailando al compás, mezcladas con curiosos que se animaron a practicar cada paso. Según los organizadores, hubo más de 5 mil personas paseando por esta tradición.